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Andrea Quispe


Cosiendo, puntada a puntada, el futuro de su familia

Andrea tiene 22 años y vive en El Alto junto a su madre, la persona que le enseñó que los obstáculos se enfrentan con trabajo. Desde niña vio a su madre, que se desplaza en silla de ruedas, sostener el hogar con distintos oficios: miniaturas para las ferias de Alasitas, tejidos a mano y a máquina. Cuando el uso de la pollera de fiesta se puso de moda, fue su madre quien tuvo la idea que cambiaría sus vidas: coser polleras juntas.

Así nació un emprendimiento familiar en el que cada una aporta lo suyo: Andrea se encarga de la costura recta y el armado de las prendas; su madre, con paciencia y precisión manual, realiza el presillado y el basteado de cada pollera. En dos años, lo que comenzó como polleras sencillas para uso diario creció hasta convertirse en un negocio con clientela fija: un comprador en Perú que encarga piezas cada mes para revender y clientas que las buscan para ferias en El Alto.

Con una sola máquina recta, madre e hija han logrado que la confección de polleras sea el principal sostén económico del hogar. Todo esto mientras Andrea cursa el segundo año de la carrera de Medicina: cose de día y estudia de noche, impulsada por el sueño de algún día devolver, como profesional de la salud, el mismo apoyo que su familia necesitó.

Hoy, sus clientas piden algo más: corsés y blusas para completar la parada de chola paceña. Para responder a esta demanda y seguir creciendo, Andrea y su madre necesitan herramientas como botonera, perleadora y prensa para ojales, además de materiales como telas, hilos, cierres, botones y otros insumos que les permitan contar con un capital de trabajo suficiente y consolidar clientes a nivel nacional.

"Necesito en este momento poder trabajar más, generar más ingresos para apoyar a mi mamá económicamente y para su salud, y también para mis estudios."— Andrea Quispe

Con este equipamiento y materiales, Andrea y su madre podrán ofrecer paradas completas (pollera, corsé y accesorios), aumentando sus ingresos y profesionalizando su producción. Ese crecimiento significa ingresos más estables, la posibilidad de que más adelante puedan contratar a alguien que las apoye y, sobre todo, más tiempo y tranquilidad para que Andrea culmine su carrera de Medicina y para que su madre acceda a los controles médicos que necesita.

Andrea no busca que le resuelvan la vida: busca un empujón para que su esfuerzo rinda más. Si no recibe este apoyo, seguirá trabajando, pero su crecimiento será más lento y más vulnerable a las crisis. Con este apoyo, puede pasar de “sobrevivir” a “consolidar” un emprendimiento que ya demostró que funciona y que hoy sostiene el hogar mientras una futura doctora construye su camino.

Tu donación no solo es equipamiento e insumos: es tiempo de estudio para una futura doctora, es salud para su madre y es la siguiente puntada en una historia construida con esfuerzo propio.

Dona ahora y asegura el futuro de Andrea y su madre.