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Daniela Callisaya

Hornear el sustento de una familia de siete

Desde muy joven, Daniela tuvo que trabajar y buscar diferentes empleos para generar sus propios ingresos. No contó con el apoyo constante de sus padres eso la llevó a independizarse temprano y a construir su vida por sus propios medios.

Hace aproximadamente cuatro años, su vida dio un giro inesperado: existía el riesgo de que los cuatro fueran separados y enviados a distintos centros de acogida. Daniela, ya madre de una niña de 6 años, tomó una decisión que cambió su destino: los acogió y asumió su cuidado. Desde entonces, sostiene una familia de siete personas: su hija y cuatro hermanos de 17, 15, 12 y 10 años, uno de ellos con autismo y necesidades de atención particulares. Su esposo, que dejó la minería tras un accidente y hoy trabaja en construcción con ingresos irregulares, la acompaña como soporte económico y emocional. Su fe cristiana es una fuente de fuerza para seguir adelante.

Hace un año y medio, motivada por la necesidad de generar ingresos más estables, Daniela usó un pequeño ahorro para comprar un horno semiindustrial y fundó Manjar de Fe. Al principio, los queques no siempre salían bien: hubo pérdidas de insumos mientras aprendía. Con práctica y perseverancia, empezó a mejorar sus recetas y a innovar con queques más saludables usando zapallo, zanahoria y otros vegetales, lo que atrajo a madres de familia interesadas en productos caseros diferentes.

Luego tomó una capacitación corta en decoración de tortas y comenzó a elaborar pasteles para cumpleaños y celebraciones. Sus hermanos se sumaron a la comercialización: Daniela corta los queques en porciones y ellos los llevan en tapers higiénicos para vender en sus cursos. Así, el emprendimiento no solo aporta al hogar: se convierte en un espacio donde los niños y adolescentes aprenden responsabilidad, ventas y organización.

La crisis económica del país frenó ese crecimiento. La suspensión de clases presenciales y el paso a la modalidad virtual redujeron uno de sus principales espacios de venta; los pedidos para cumpleaños disminuyeron y los insumos (harina, azúcar, chocolate) se encarecieron. El poco capital que tenía se destinó a cubrir alimentación y gastos básicos. Para complementar ingresos, Daniela trabaja en limpieza de domicilios durante sus tiempos libres, pero lo que gana no alcanza para recuperar el capital de trabajo del emprendimiento.

Para reactivar la producción de Manjar de Fe, Daniela necesita insumos básicos y una batidora eléctrica de 8 litros, herramienta que reemplazaría el batido manual y le permitiría producir con la uniformidad y rapidez que sus clientes esperan.

“Que no se rindan, que los sueños se cumplen de distintas maneras, pero llegan a suceder.” — Daniela Callisaya

Con estos insumos y la batidora, Daniela podrá recuperar a sus antiguos clientes, ampliar su variedad de productos (galletas, pancitos, queques con vegetales y tortas) y volver a involucrar a sus hermanos en las ventas. Para ellos, no es solo una colaboración económica: es una lección de vida donde aprenden que estudiar y desarrollar habilidades puede abrirles caminos propios en el futuro. Es también un paso más hacia el sueño que comparte con su familia: tener algún día una tienda propia donde su clientela pueda conocer y disfrutar de sus productos.

Daniela no busca que le resuelvan la vida: busca un empujón para que su esfuerzo rinda más. Si no recibe este apoyo, seguirá trabajando, pero su crecimiento será más lento y más vulnerable a las crisis. Con este apoyo, puede pasar de “sobrevivir” a “consolidar” un emprendimiento que ya demostró que funciona y que hoy sostiene a una familia de siete.

Tu donación no es solo es insumos y una batidora: es el sustento de una familia de siete y una lección de vida para cuatro hermanos que ya aprendieron, de su hermana mayor, a no rendirse.

Dona ahora y reactiva el sustento de una familia de siete.