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Dominga Amalia

Dulces que sostienen un hogar de cinco

Dominga tiene 33 años, está casada y es madre de una niña de 8 años. Hace tres años, cuando dos sobrinas gemelas de 5 años quedaron sin el cuidado de su madre y su padre no tenía condiciones para asumir su crianza, ella y su esposo tomaron una decisión que transformó su hogar: abrirles las puertas y criarlas como propias, en lugar de que fueran derivadas a un hogar de acogida. Hoy su familia está formada por cinco personas: ella, su esposo, su hija y sus dos sobrinas gemelas.

Viven en una habitación alquilada, dividida en dos áreas: dormitorio y cocina. Desde muy temprana edad, Dominga tuvo que trabajar para contribuir al sustento familiar; antes de emprender, vendía chuño remojado y verduras en ferias locales. La pandemia redujo drásticamente la actividad económica: sus ventas bajaron, el trabajo de construcción de su esposo se volvió irregular y la presión económica fue tan intensa que, en más de una ocasión, se preguntó si podría seguir haciéndose cargo de las niñas o si tendría que permitir que fueran derivadas a un hogar de acogida. Sin embargo, su compromiso con ellas fue más fuerte que la dificultad, y decidió seguir adelante.

Con el acompañamiento de una institución, descubrió en la repostería una oportunidad para mejorar sus ingresos. Hace un año y medio, comenzó a elaborar gelatinas con chantillí, un producto accesible que rápidamente ganó aceptación entre sus clientas. Se capacitó en repostería y liderazgo, incorporó queques y empanadas a su oferta, y hoy vende en diferentes ferias de su zona, donde ya construyó una clientela que valora el sabor y la dedicación con la que prepara cada producto. Los ingresos generados son el principal sustento económico del hogar: cubren alimentación, educación y otras necesidades básicas de las tres niñas que están bajo su cuidado.

Dominga trabaja incansablemente: además de elaborar y vender, recolecta botellas PET para venderlas en centros de acopio, y aprovecha cualquier oportunidad de trabajo eventual que le permita sostener a la familia. El aporte de su esposo es limitado, pues está haciéndose responsable de deudas que su padre dejó antes de fallecer; por ello, gran parte de la estabilidad del hogar depende del esfuerzo de Dominga.

En medio de la inestabilidad económica del país, que ha encarecido constantemente los insumos, Dominga necesita insumos (harina tipo 000, azúcar, polvo de hornear y leche evaporada) para contar con un stock que le permita seguir produciendo sin depender de comprar pequeñas porciones a precios cada vez más altos.

“Voy a salir adelante, voy a aprender más y voy a hacer crecer mi emprendimiento.” — Dominga Amalia

Con este stock de insumos, Dominga podrá producir con mayor estabilidad, ampliar su oferta (incluso animarse a vender pan en tiendas cercanas) y afrontar las variaciones de precio sin detener su negocio. Ese crecimiento se traduce directamente en más seguridad para sus tres niñas: mejor alimentación, recreos cubiertos, materiales escolares y un paso más cerca del sueño que comparte con su esposo: una casa propia donde criarlas con tranquilidad.

Dominga no busca que le resuelvan la vida: busca un empujón para que su esfuerzo rinda más. Si no recibe este apoyo, seguirá trabajando, pero su crecimiento será más lento y más vulnerable a las crisis. Con este apoyo, puede pasar de “sobrevivir” a “consolidar” un emprendimiento que ya demostró que funciona y que hoy sostiene a un hogar de cinco.

Tu donación no es solo harina y azúcar: es la estabilidad de un hogar que decidió no dejar a nadie atrás.

Dona ahora y asegura la estabilidad de un hogar de cinco.