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Lizet Tola Mamani


Queques y humintas que mantienen unida a una familia de cinco.

A los 19 años, Lizet perdió a su padre por COVID-19 y, pocos meses después, también a su madre. De un momento a otro, quedó al frente de sus cuatro hermanos, con una promesa que les había hecho a sus padres: “no se preocupen, yo estoy aquí”.

Lejos de rendirse, asumió el liderazgo de su hogar con una profunda convicción de proteger a sus hermanos y garantizarles un futuro juntos. Gestionó apoyo con distintas instituciones y, gracias a ese acompañamiento, lograron construir dos ambientes en el terreno que pertenecía a sus padres. Hoy, ese pequeño espacio es el lugar donde la familia ha podido reconstruir su vida: uno de los ambientes funciona como dormitorio y el otro como cocina y taller donde Lizet elabora sus queques y humintas.

A pesar de las dificultades, nunca dejó de lado su formación. Cada día recorría largas distancias desde una zona periférica de El Alto hasta la zona Sur de La Paz para continuar sus estudios. En 2025 obtuvo su título de Técnico Superior en Gestión y Emprendimiento, con beca del Banco Mercantil Santa Cruz y la Universidad Católica. Con el mismo ejemplo, motivó a sus hermanos a permanecer en el colegio y a construir sus propios proyectos de vida.

Lizet aprendió el oficio trabajando en la elaboración y venta de humintas para otro negocio. Con el horno que le prestó su tía, comenzó a vender sus propias humintas en pequeñas cantidades. Más adelante, el apoyo de una institución le permitió acceder a un horno semiindustrial, con el que amplió su oferta incorporando queques caseros. Hoy vende sus productos a estudiantes, madres de familia y vecinos, principalmente en los alrededores de las unidades educativas cercanas a su domicilio en El Alto.

En medio de la inestabilidad económica del país, que ha encarecido constantemente sus insumos, Lizet necesita harina, azúcar, aceite, polvo de hornear, chocolate y un juego de moldes. Un stock de insumos que le permitiría mantener una producción constante sin comprometer el capital de trabajo de su emprendimiento.

Para ella, contar con estos insumos significa tener una base para reinvertir las ganancias y recuperar progresivamente su propio capital de trabajo. Significa también contar con mayor libertad para innovar, crear nuevos sabores y responder a más pedidos sin detener la producción cada vez que debe adquirir materia prima.

“Con este apoyo yo sé que igual voy a poder llegar a dar un paso más tal vez de lo que ya estoy ahora y seguir saliendo más adelante.” — Lizet Tola Mamani

Con los insumos y moldes necesarios, Lizet podrá fortalecer una producción más constante, ampliar la variedad de sus queques y comenzar a impulsar con mayor seguridad la presencia de su emprendimiento en redes sociales. A medida que crezca su clientela, también podrá abrir nuevas oportunidades de participación para sus hermanos, quienes forman parte de la historia y del futuro que ella está construyendo.

Su sueño es contar con un espacio propio de producción y venta, tener clientes fijos y seguir innovando. Lizet no busca que le resuelvan la vida: busca un empujón para que su esfuerzo rinda más. Si no recibe este apoyo, seguirá trabajando, pero su crecimiento será más lento y más vulnerable a las crisis. Con este apoyo, puede pasar de “sobrevivir” a “consolidar” un negocio que ya demostró que funciona.

Tu donación no es solo harina y moldes: es el sostén de una familia que decidió permanecer unida pase lo que pase.

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