De pulseras para pagar un campamento a una marca que enseña a crecer
Luz tiene 25 años y vive en una zona periurbana de La Paz junto a sus padres, su hermana y su hermano menor, a quien acompaña de cerca en sus estudios. Todo empezó con una necesidad muy concreta: un campamento juvenil de su iglesia costaba 350 bolivianos y sus padres no podían cubrirlo. Sin saber cocinar, pero con maña para las manualidades, se puso a hacer pulseras, aretes y collares de mostacilla. Los vendió todos en un solo domingo: reunió 450 bolivianos, pagó su pasaje y hasta le sobró para un par de deportivas.
De esa pequeña hazaña nació, sin buscarlo, IWIÑA Accesorios. Los pedidos de su congregación empezaron a crecer, y Luz (técnico superior en Emprendimientos Productivos gracias a una beca que ganó) se formó por su cuenta viendo tutoriales, hasta que un bootcamp universitario le enseñó a calcular costos, precios y a pensar su idea como un verdadero negocio. Con el capital semilla que ganó, formalizó su marca: logo, página, clientes fuera de su círculo cercano.
En febrero de 2025 llegó su verdadero punto de inflexión, no por una crisis, sino por un gesto de sus amigos: se ofrecieron a modelar sus productos para las fotos. Ese gesto ayudó a Luz a romper el miedo que tenía de mostrarse, de grabar, de promocionar lo que hacía con sus propias manos.
Hoy, además de mostacilla, trabaja la porcelana fría y el crochet, con diseños propios que revalorizan las aves y la flora de La Paz, una característica que la hizo ganadora de un capital semilla y que hoy la lleva a mercados de emprendedores y espacios municipales.
Para seguir creciendo de forma sostenible, Luz necesita una máquina de coser semi industrial para elaborar sus propias bolsas de tela y dejar de depender de empaques plásticos, insumos para preparar su propia masa en lugar de comprarla ya hecha, y un equipo de fotografía y video para mostrar, con la calidad que merece, el trabajo detrás de cada accesorio.
| "Han sido años de mucho sacrificio y de mucha determinación para no dejarme caer." — Luz Mamani |
Este emprendimiento ya es un espacio compartido: su madre vende sus propias creaciones bajo la marca, su hermana ha encontrado ahí un canal para vender lo que ella misma elabora, y su hermano menor, de 11 años, hace y vende sus propias manillas de mostacilla, aprendiendo de paso a organizar su propio dinero.
El sueño de Luz va más allá de su propio negocio: ya ha dado talleres de porcelana fría en centros de acogida para adolescentes, y su meta es abrir espacios de trabajo por comisión para jóvenes en situación de vulnerabilidad, para que el oficio que ella aprendió sola no se quede solo con ella.
Como dice ella misma, apoyar a IWIÑA no es apoyar solo a una emprendedora: es apoyar a su familia, apoyar la continuidad de su meta de convertirse en maestra de niños, apoyar a los adolescentes que ya está formando, y a toda una comunidad de emprendedores que crece cuando uno de ellos lo hace.
Luz no busca que le resuelvan la vida: busca un empujón para que su esfuerzo rinda más. Si no recibe este apoyo, seguirá creando, pero su crecimiento será más lento y más vulnerable a las crisis. Con este apoyo, puede pasar de “sobrevivir” a “consolidar” una marca que ya demostró que funciona y que hoy forma a su familia y a otras jóvenes.
Dona ahora y ayuda a Luz a seguir formando manos que crean.